En una revolución como la que estamos viviendo en el tránsito de los siglos XX y XXI, soportada en los rápidos y continuados avances en materia de informática, telemática y robótica, (por señalar las de incidencia más directa), se presentan dos aspectos generales de trascendencia.
Por un lado, un proceso de globalización con un fuerte componente económico y un alto interés político y, por otro, un proceso de accesibilidad a la información y la comunicación entre todos los seres humanos, algo que antes nunca fue posible.
El compromiso político se ve bastante definido en el primero de los procesos que he mencionado, como se puede deducir del elevado número de instituciones nacionales y supranacionales que existen, para sostenimiento y control del proceso de globalización. De hecho, la crisis económica que estamos viviendo alcanza a todo el mundo y los responsables de ella están perfectamente identificados.
No sucede lo mismo en el caso de la accesibilidad de los ciudadanos a las TIC (tecnologías de la Información y la comunicación). Este proceso no suele contar con un compromiso político real y efectivo, aunque si con los pertinentes planteamientos de apoyo. ¿Podría ocurrir que se estén produciendo intereses contrapuestos entre ambos procesos?. Merecería la pena buscar respuestas a esta pregunta, a través del debate, aunque sólo fuera para conocer bien el terreno de juego en el que hemos de competir.
Hecha esta breve introducción, quiero referirme al caso de Extremadura donde el compromiso político[1] fue determinante a la hora de abordar la Sociedad de la Información[2] como prólogo a la Sociedad del Conocimiento, para favorecer el desarrollo de la Sociedad de la Imaginación[3].
En la década que comprendía el cambio de milenio (1995-2005), desde el Gobierno extremeño planificamos y pusimos en práctica un proceso de incorporación de la Región a una revolución tecnológica, sobre la que se había escrito mucho y hecho poco, sin que existieran manuales prácticos de referencia que orientaran o facilitaran la entrada.
Nuestro principal objetivo era que ningún ciudadano quedara excluido de este proceso, sobre la base de que: “de nada servirían las TIC, si al final no llegan a todos y... de nada sirve que lleguen a todos, si sólo las aprovechan unos pocos”.
Ante estos planteamientos, la estrategia se diseñó sobre dos ejes principales: accesibilidad y alfabetización tecnológica. En otras palabras, todos los ciudadanos extremeños deberían tener acceso a las herramientas de trabajo para acceder a la red, y ser adecuadamente formados para usarlas, fuera cual fuera el tipo de trabajo que realizaran o el lugar en el que vivieran.
El inicio[4] de la aplicación de la estrategia fue en el año 1997. Transcurrida más de una década, las conclusiones que hemos obtenido orientan a la necesidad de abordar, en todo caso, una serie de acciones básicas[5] para facilitar el desarrollo posterior de iniciativas emprendedoras y el fomento de la creatividad:
- Disponer, para el territorio seleccionado, de una Intranet (banda ancha) que permita el acceso a todos los ciudadanos de los diferentes sectores (educativo, sanitario, administrativo, etc.).
- Realizar procesos de alfabetización tecnológica de forma sectorial, para atender las necesidades de formación de todos los implicados, a ser posible con personal y horarios flexibles que fomenten la participación.
- Establecer una red de centros o viveros en red, conectados entre sí, que faciliten la creación de empresas de base tecnológica, partiendo simplemente de la idea que lleve el ciudadano. El sistema debe ser sostenible.
- Constituir una entidad, sin ánimo de lucro, que cree sinergias entre empresas, centros tecnológicos y de investigación, universidades y responsables gubernamentales, para facilitar la conexión de los emprendedores con el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
- Disponer de software libre como base[6] para los desarrollos necesarios en la puesta en marcha de las anteriores acciones.
Considero que estos mimbres, adecuadamente entrelazados son necesarios para evitar exclusiones. Además de aprender a utilizar Internet, los ciudadanos se plantearan el ciberespacio como un mundo futuro, diferente al actual, en el que se puede vivir en red, y para el que es necesario diseñar nuevas formas de enseñanza o aprendizaje, mantener relaciones con el resto de habitantes del planeta y utilizar la imaginación para crear oportunidades de negocio o de trabajo, inexistentes anteriormente.
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Ya han pasado algunos años desde que iniciamos este proceso y comienzan a recogerse los frutos en los diferentes sectores. Hasta el momento actual hemos tratado de exportar el conocimiento adquirido con la estrategia aplicada y, a través nuestros manuales de ”buenas prácticas”, procuramos evitar la duplicación de errores.
Compartir el conocimiento significa ampliarlo por ello, con esta premisa, aprendemos de los avances de los demás que, afortunadamente, construyen de una forma imaginativa sobre nuestros primeros pasos.
Estoy convencido de que sólo cuando los ciudadanos que viven en entornos desfavorecidos o socialmente marginados sean capaces de entender este mundo creado sobre las TIC y manejarlo adecuadamente, sólo entonces, podremos pensar en que cada ser humano, de forma aislada o colectiva, puede comenzar a ser dueño de su propio destino.